
- casco demasiado largo y agrietado

- casco correcto bien herrado y aplomado
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Sin pie no hay caballo
Esta sentencia tan repetida en el mundo del caballo nos explica en pocas palabras la importancia que tienen los cascos del caballo durante toda la vida del mismo, siendo uno de los aspectos que no debemos descuidar en el momento de su compra.
Habitualmente, a la hora de comprar un caballo, observamos su morfología, belleza, grado de doma, investigamos su edad, sus aptitudes para determinada disciplina, orígenes y un sinnúmero de detalles que harán que el caballo que compramos se adapte a nuestras necesidades y expectativas. Durante todo este proceso nuestra mirada está observando el conjunto del caballo y algunos detalles del mismo, pero en la mayoría de las ocasiones nuestros ojos no bajan por debajo de sus rodillas o corvejones. Es como si a la hora de comprar un coche no revisamos sus neumáticos, sobre todo teniendo en cuenta que nunca podremos sustituirlos por unos nuevos.
Si no tenemos demasiada experiencia, lo habitual es que nos hagamos acompañar por alguien de nuestra confianza que si la posea, puede ser un amigo o mejor aún un veterinario, que será quién realizará la denominada "visita de compra" y nos informará del estado de salud del caballo en ese momento. Evidentemente las exigencias dependerán de las pretensiones que tengamos, no siendo las mismas si queremos dedicar el caballo a concurso completo o simplemente servirá para una hora de paseo semanal. Por supuesto en este caso será el veterinario quién nos informará de la calidad de los cascos y los posibles problemas que presenten.
Pues bien, una vez que somos conscientes de la importancia que los cascos tienen a la hora de comprar nuestro caballo, vamos a explicar brevemente y sin pretender ser exhaustivos, lo que debemos observar en los mismos.
No entraremos en este breve artículo en el examen de los aplomos del caballo, debido a lo extenso de la materia, pero si indicaremos que cualquier desviación de los miembros (anteriores o posteriores) de las líneas imaginarias que los dividen por la mitad, van a ocasionar una alteración en la locomoción y una modificación en la forma del casco.
Lo veremos caminar y trotar, primero en un terreno duro y luego en uno blando, lo haremos en línea recta y en círculo a ambas manos, intentando vislumbrar durante este proceso algún indicio de cojera.
Miraremos si tiene heridas o rozaduras por debajo de los menudillos, cuartilla, corona, pulpejos, sobre todo en su cara interna, esto puede indicar una anomalía en la locomoción del caballo causada por malos aplomos, malos herrajes, etc.
Observaremos con atención el herraje que tiene el caballo, viendo si está largo, le falta alguna herradura, o tiene alguna floja, esto nos indicará la falta de cuidados de los cascos. En el caso de que presente algún herraje especial u ortopédico nos interesaremos por la causa del mismo.
El tamaño del casco tiene que ser proporcional a la masa del caballo, caballos grandes con cascos pequeños suelen dar bastantes problemas.
Levantaremos uno a uno los 4 cascos, aprovechando para observar la actitud del caballo ante esta maniobra, si aparecen defensas pueden ser causadas por alguna lesión que provoca dolor o bien por una mala educación del caballo, cualquiera de las dos circunstancias deben de ser evaluadas.
Con el casco levantado veremos la calidad de la ranilla, que debe de ser compacta, de una sola pieza y sin olores ni supuraciones oscuras. Si disponemos de una pinza exploradora buscaremos sensibilidad en toda la superficie de la suela, si no poseemos este instrumento podemos ayudarnos de un limpiacascos para buscar posibles hematomas en la misma.
Comprobaremos que la pared externa del casco presenta una superficie lisa y brillante, sin estrías ni ceños, que pueden ser consecuencia de diferentes patologías. No deberán aparecer rajas ni fisuras, y los bordes próximos a la herradura no deberán presentar un aspecto roto ni agrietado.
Cualquier deformación de la pared del casco puede ser consecuencia de una patología importante denominada infosura, la toma de unas radiografías se impone.
Con la ayuda de un pequeño martillo iremos golpeando suavemente sobre los remaches de los clavos, buscando una reacción del caballo, en ese caso un veterinario deberá investigar la causa del dolor.
La dirección de la cuartilla debe ser una prolongación de la línea de la pared del casco, si esto no sucede la relación entre los talones y las lumbres del casco no será la correcta.
Existen dos pruebas que nos pueden dar una idea del estado del hueso navicular, una de ellas denominada prueba o test de la plancha, consiste en coger una plancha de madera de 1,20 m. de largo y de unos 20 m/m. de espesor, que colocada bajo el pie del caballo y levantada progresivamente por la otra punta, hasta una altura de 60 cm., practica una compresión del hueso navicular. Así en función del grado de defensa del caballo, se puede deducir el nivel de sensibilidad de dicha estructura interna.
También podemos realizar el test de resistencia de la ranilla a la presión dura, colocando el mango de un martillo por ejemplo, bajo la ranilla de un casco, levantando el otro simultáneamente, comprobaremos la sensibilidad del hueso navicular.
Por último preguntaremos los cuidados habituales que reciben los pies del caballo, en cuanto a la aplicación de agua, ungüentos y frecuencia entre herrajes.
Si alguna de estas pruebas o exámenes no resultan satisfactorios deberán ser investigados por un veterinario que nos indicará si el caballo puede servir para nuestras expectativas o debemos seguir buscando.
Constantino Sánchez Martínez
ESCUELA DE HERRADORES SIERRA NORTE
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